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Científicos del Centro de Investigación de Nanomateriales de la Universidad de Massey, en Nueva Zelanda, han publicado los últimos resultados de sus proyectos con tintes artificiales para conseguir producir energía eléctrica a través de la fotosíntesis artificial.
Los dos tintes más prometedores desarrollados por los científicos
contienen clorofila y hemoglobina. Las posibilidades de estos tintes
son extraordinarias, y tienen muchas ventajas respecto a las células
fotovoltaicas: En primer lugar, funcionan muy bien en condiciones en las que los
paneles de silicio no lo hacen, como ya mencionamos en la entrada
acerca del dióxido de titanio.
Estas células solares fotosintéticas producen una cantidad de corriente
aceptable incluso con el cielo cubierto, simplemente con la luminosidad
ambiente: una célula de 10 cm x 10 cm es capaz de hacer funcionar un
pequeño ventilador sin problemas. Lo mismo ocurre con la temperatura:
estas células no son sensibles a ella, mientras que las de silicio
funcionan muy mal a altas temperaturas (lo cual es un problema,
teniendo en cuenta que necesitan que les dé el Sol para funcionar).
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