LinuxParty
Solo se fabricaron sesenta ordenadores como este, solo hay dos documentados y uno de ellos lo tengo yo”, cuenta Jaime González, un coleccionista que expone parte de su repertorio en RetroMadrid, la principal feria de España sobre videojuegos vetustos. “Pero el mío sí que funciona y el otro no”, afirma.
Muchos ordenadores ochenteros como el Amstrad no llegaron a Rusia, así que un aficionado ruso decidió construirse uno para él. Acabaron fabricando varios y, aunque se ha perdido la pista de la mayoría, él ha conseguido uno.
Coleccionar máquinas es su forma de rendirle culto a una tecnología obsoleta y a una forma de hacer juegos que, aunque se identifica con el pasado, sigue tan viva como hace treinta años. Ese coleccionismo forma parte de una cultura del retro en la que caben diseñadores, dibujantes, desarrolladores, ingenieros, músicos o jugadores.
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